El Gato Mentiroso y el Ratón — cuento animado para niños

📖 Edad recomendada: 2-7 años · ▶ Duración: 6:16 · 💡 Moraleja: Ayuda a quien lo necesita, pero no confíes a ciegas en quien no cumple su palabra

▶ El dibujo animado

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Lo que pasa en el dibujo animado

Un ratoncito del campo, trabajador y simpático, sale muy temprano a ayudar a su primo de la ciudad. Pero sobre el puente del arroyo hay un gato tumbado al sol. El ratoncito busca otro sitio para cruzar, aunque el agua baja demasiado fuerte, así que vuelve al puente e intenta pasar de puntillas junto al gato dormido. El gato despierta, se lanza tras él y cae al agua. 🐭🐱

El gato pide ayuda a gritos. Aunque se lo merecía, el ratoncito junta unas ramitas, las roe y las empuja al agua, y el gato logra salir a la orilla. Entonces promete que lo dejará en paz y que serán amigos. En la ciudad, el primo le advierte al ratoncito que no se fíe: el gato no cambia sus costumbres.

Cuando el ratoncito regresa a casa, el gato lo está esperando en medio del puente, muerto de hambre, y se lanza a atraparlo. Pero se queda atascado. Ahora suplica ayuda y dice que solo estaba jugando, pero el ratoncito se va y lo deja allí unas cuantas horas para que piense en lo que hizo. Desde ese día, el ratoncito tiene más cuidado con quienes no cumplen su palabra.

Cuento para leer

Había una vez un ratoncito que vivía en el campo. Era simpático y muy trabajador: todo el día cuidaba su pequeño huerto. Una mañana, su primo de la ciudad le pidió que fuera a ayudarlo.

—Mi primo me necesita —se dijo el ratoncito—. Iré ahora mismo.

Y se puso en camino. Pero cuando llegó al arroyo, ¿qué vio? Sobre el puente había un gato enorme, tumbado al sol.

—¡Vaya sitio que eligió el gato! ¿Y ahora por dónde paso? Probaré más abajo, quizá allí haya menos agua.

Pero el agua bajaba todavía más alta y más rápida que la última vez.

—No puedo dejar solo a mi primo. Tengo que encontrar otro camino.

Volvió al puente y vio que el gato dormía profundamente.

—Este es mi momento. Paso de puntillas y ni se va a enterar.

Paso, paso, pasito…

—¡Miau! —El gato se despertó de un salto—. ¿Eras tú? ¡Espera un momento!

Se lanzó tras el ratoncito, pero resbaló y, ¡plof!, cayó de cabeza al arroyo.

—¡Socorro! ¡No puedo salir! ¡Ratoncito, no me dejes aquí!

El ratoncito se detuvo.

—Te merecerías quedarte ahí, ¿sabes? Pero eres nuestro gato. ¡Espera un poco, que ya te saco!

Corrió por la orilla y encontró unas ramitas. Las royó deprisa y las empujó al agua hasta que llegaron al gato. El gato se agarró a ellas y salió a la orilla, empapado de pies a cabeza.

—¡Por fin fuera! ¡Qué cansado estoy!

—Deberías portarte mejor y dejarme en paz —dijo el ratoncito—. Si no te hubieras lanzado sobre mí, no habrías caído al agua.

—Tienes razón. Menos mal que me salvaste.

—Hay que ayudarse cuando hay problemas. Entonces, ¿ahora me dejarás tranquilo?

—Sí, sí, quédate tranquilo. Seremos amigos y te debo un favor. Desde hoy te dejo en paz.

—¡Quién lo diría! ¡Nosotros dos, amigos! ¿Te ayudo en algo más?

—No, tengo que secarme. Sigue tu camino.

El ratoncito se fue feliz. ¡Qué hazaña! ¡Hacerse amigo nada menos que del gato! Cuando llegó a casa de su primo y se lo contó, los dos se rieron mucho del chapuzón del gato.

—¿Y ahora son amigos, dices? —preguntó el primo.

—¡Sí! Lo salvé y me dijo que me debe un favor.

—Primo, mejor no te fíes de él. El gato puede cambiar de pelo, pero no de costumbres.

Después de ayudar a su primo, el ratoncito volvió contento hacia casa. Pero en medio del puente lo esperaba su amigo el gato.

—¡Hola, amigo gato! ¿Qué haces aquí otra vez? ¿Esperas a alguien?

—¡Ay, mi amiguito pequeño y sabroso! Te esperaba justo a ti, porque tengo un hambre…

—¿Ya olvidaste lo que me prometiste hoy?

—¿Qué voy a olvidar? ¡Por tu culpa me caí al agua! Ahora ya descansé. ¡Espera, que te atrapo!

—¡Mi primo tenía razón! ¡Eres un gato que no cumple su palabra!

El gato se lanzó tras el ratoncito, pero, ¡miau!, se quedó atascado y no podía moverse.

—Yo creía que íbamos a ser amigos —dijo el ratoncito—, y tú solo querías atraparme. Ahora quédate ahí y piensa bien en lo que hiciste.

—¡Espera, amigo, solo estaba jugando! ¡Ayúdame a salir, por favor! ¡Eres mi mejor amigo!

Pero el ratoncito ya se había ido. Dejó al gato allí unas cuantas horas para que pensara. Y desde aquel día tuvo mucho más cuidado con quienes hacen promesas que no cumplen.

Ayuda a quien lo necesita, pero no confíes a ciegas en quien no cumple su palabra.

Fin. 🐭

Por qué les encanta a los niños

Preguntas frecuentes

¿De qué trata El Gato Mentiroso y el Ratón?

Un ratoncito del campo va a ayudar a su primo de la ciudad, pero en el puente duerme un gato. Al intentar pasar a escondidas, el gato salta tras él y cae al arroyo. El ratoncito lo rescata con unas ramitas y el gato promete ser su amigo. Sin embargo, a la vuelta lo espera en el puente para atraparlo.

¿Qué aprenden los niños con este cuento?

Que es bonito ayudar a los demás cuando están en apuros, pero que hay que tener cuidado con quien no cumple sus promesas. Una promesa rota hace que nadie vuelva a creerte.

¿Quién le advierte al ratoncito sobre el gato?

Su primo de la ciudad. Cuando el ratoncito le cuenta que ahora es amigo del gato, el primo le dice que no se fíe, porque el gato no cambia sus malas costumbres. Y tenía razón.

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