El Gato Travieso — cuento animado divertido para niños

📖 Edad recomendada: 2-7 años · ▶ Duración: 4:39 · 💡 Moraleja: La avaricia rompe el saco: quien quiere tenerlo todo puede quedarse sin nada

▶ El dibujo animado

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Lo que pasa en el dibujo animado

Un gato duerme todo el día, hasta que lo despierta el hambre. Busca en las despensas y sobre las mesas del pueblo, pero no encuentra nada. En el mercado solo hay manzanas y peras, y el vendedor lo echa de su puesto. El gato baja hacia el bosque, pero el pájaro al que acechaba lo ve y se va volando, y un ratoncito con una avellana se esconde en su madriguera. El gato lo espera un rato, pero pierde la paciencia y se va. 🐱

Llega al pequeño puerto del pueblo, donde un pescador resfriado acaba de volver con la barca llena de peces. Mientras el pescador limpia la red, el gato se acerca a escondidas. Hay un pequeño lío, con estornudos y sustos, y el gato sale corriendo con un pescado fresco.

Se sienta en la orilla del río para comérselo tranquilo. En el agua ve su reflejo y cree que allí hay otro gato con un pescado más grande que el suyo. Por avaricioso, quiere quitárselo también, pero se le cae su pescado al agua y se queda sin nada.

Cuento para leer

Había una vez un gato que dormía de la mañana a la noche. Pero un día lo despertó el hambre.

—¡Miau! ¡Qué hambre tengo!

Se puso a buscar en las despensas y sobre las mesas del pueblo, pero no encontró nada.

—Aquí no hay nada. Voy a darme una vuelta por el mercado.

Pero en el mercado solo había manzanas y peras.

—¿Qué haces tú, gato, entre mis frutas? —gritó el vendedor—. ¡Fuera de aquí! ¡No te acerques más!

El gato se fue enfurruñado. «En el pueblo no hay nada para comer», pensó. «Quizá encuentre algo más abajo, en el bosque».

No había caminado mucho cuando vio, en lo alto de un árbol, un pájaro cantor.

—¡Oh, qué comida tan rica sería! Quizá pueda subir al árbol de puntillas…

Pero no alcanzó a terminar la frase, porque el pájaro lo vio y se fue volando hacia el bosque, a buscar un árbol más alto donde cantar tranquilo.

—¡Se me escapó! ¡Y qué hambre tengo! Tengo que encontrar algo, que se me pega la barriga a la espalda.

Un poco más allá, un ratoncito acababa de encontrar una avellana.

—¡Qué avellana tan rica! ¡Tengo unas ganas de comérmela!

—¡Es mi día de suerte! —maulló el gato—. ¡Ven aquí, ratoncito!

—¡Ay, el gato!

El ratoncito se metió de un salto en su madriguera, y el gato, que se había lanzado tras él, se dio un golpe contra la entrada.

—¡Ay! ¡No importa, igual te voy a atrapar! Te espero justo aquí hasta que salgas.

—¡Puedes esperar hasta mañana, gato, y hasta pasado mañana! —se rio el ratoncito desde dentro.

El gato se quedó al acecho, esperó y esperó, pero al final perdió la paciencia y siguió su camino.

—¿Qué estará tramando ahora ese gato? —dijo el ratoncito—. Se pasa el día haciendo travesuras. ¡Qué gato tan gracioso!

El gato caminó hasta el pequeño puerto del pueblo. Allí acababa de llegar en su barca un pescador que había atrapado un montón de peces.

—¡Achís! Creo que me resfrié un poco —dijo el pescador—. Mejor me quedo un rato en la orilla y no vuelvo a meterme en el agua.

—¡Cuántos peces! —se alegró el gato—. ¡Ñam, ñam! Me sirvo uno mientras el pescador limpia la red. Voy despacito, ni se va a dar cuenta.

El gato se acercó a escondidas hasta los peces, pero el pescador volvió a estornudar, y el gato se asustó tanto que dio un salto enorme.

—¡Miau!

—¡Qué susto me diste! —se sobresaltó también el pescador—. ¡Ya verás, gato travieso!

Pero antes de que el pescador se recuperara del susto, el gato ya había agarrado un pescado fresco y había salido corriendo.

Corrió hasta la orilla del río, para estar seguro de que nadie lo seguía, y se sentó junto al agua. Todavía no se había puesto cómodo cuando vio en el agua a un gato. Y ese gato tenía en la boca un pescado que le pareció mucho más grande que el suyo.

«¡Qué pescado tan grande tiene!», pensó el gato. «¡Ese también lo quiero!».

Se inclinó sobre el agua e intentó atraparlo. Pero el gato del agua era él mismo: era solo su reflejo en el río. Y cuando abrió la boca para agarrar el pescado grande, el suyo cayó al agua, ¡plof!, y se lo llevó la corriente.

El gato se quedó en la orilla, con la boca abierta y la barriga vacía. Ahora tenía todavía más ganas de comer que antes.

Ya ven, queridos niños: no sean avariciosos, que les puede pasar lo mismo que a nuestro gatito.

La avaricia rompe el saco: quien quiere tenerlo todo puede quedarse sin nada.

Fin. 🐱🐟

Por qué les encanta a los niños

Preguntas frecuentes

¿De qué trata El Gato Travieso?

Un gato que durmió todo el día se despierta con hambre y busca comida por el pueblo, el mercado y el bosque, pero no atrapa nada: el pájaro se le escapa volando y el ratoncito se esconde en su madriguera. En el pequeño puerto del pueblo le quita un pescado a un pescador, pero en la orilla del río ve su reflejo y cree que es otro gato con un pescado más grande. Quiere quitárselo y deja caer su propio pescado al agua.

¿Qué aprenden los niños con este cuento?

Que la avaricia puede dejarte sin nada. El gato ya tenía un pescado fresco, pero quiso también el del agua, que ni siquiera existía, y perdió el suyo.

¿Qué otros personajes salen en el dibujo?

El vendedor de frutas del mercado, que echa al gato; un pájaro cantor que se va volando a un árbol más alto; un ratoncito con una avellana que se esconde en su madriguera, y un pescador resfriado que acaba de volver con la barca llena de peces.

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