Los Reyes Magos — cuento de Navidad animado para niños

📖 Edad recomendada: 2-7 años · ▶ Duración: 8:43 · 💡 Moraleja: Con fe y ayudándose unos a otros, se supera cualquier dificultad del camino

▶ El dibujo animado

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Lo que pasa en el dibujo animado

Baltasar mira el cielo y ve que la estrella se ha vuelto a encender, todavía más brillante que antes. Gaspar ha preparado un mapa, y Melchor, que oye un poco mal, sube a reunirse con ellos confundiendo las palabras. La estrella anuncia el nacimiento del rey más grande, así que los Reyes Magos preparan sus regalos, mirra, oro e incienso, y se ponen en camino en tres camellos. El camello de Gaspar es muy travieso: no sabe ir al paso y solo quiere correr.

En el desierto, Baltasar ve que se acerca una tormenta de arena y los lleva a refugiarse detrás de unas rocas. Más tarde se quedan sin agua y ven un oasis, pero Gaspar les explica que es un espejismo, y la estrella les muestra otro camino, hacia un oasis de verdad. Allí, el camello de Gaspar no puede levantarse porque se ha lastimado una pata. Melchor le pone en la herida una gotita de mirra y el camello se recupera.

Al llegar a Belén, los Reyes ven que la estrella no brilla sobre el castillo, sino sobre un pequeño establo. Dentro, María y José rezan, y en el pesebre, calentado por el aliento de los animales, está el Niño, el rey prometido. Los Reyes Magos se arrodillan y le ofrecen la mirra, el oro y el incienso.

Cuento para leer

Una noche, Baltasar miraba el cielo y no podía creer lo que veía.

—¡La estrella se ha encendido otra vez! ¡Y brilla todavía más! ¡Melchor, sube!

—Sí, sí, ya he encendido la vela —contestó Melchor desde abajo, que oía un poco mal.

—¡La vela no, la estrella! ¡Vamos, sube!

Gaspar subió también, con un mapa en la mano.

—Lo he medido todo con cuidado. La estrella anuncia el nacimiento del rey más grande, y yo sé casi exactamente dónde está.

Baltasar miró el mapa y sonrió.

—No estamos muy lejos. ¡Vamos a verlo con nuestros propios ojos!

Cada uno preparó un regalo. Melchor llevó mirra de las tierras de Etiopía.

—Es amarga, pero tiene el poder de curar las heridas.

Después prepararon un cofre de oro puro, porque un rey necesita una corona, e incienso fino, recogido en los montes de Omán.

—Tenemos regalos dignos de un rey. ¡No perdamos más tiempo!

Los Reyes cargaron tres camellos y se pusieron en marcha. Pero uno de ellos, el camello de Gaspar, no sabía ir al paso: solo quería correr.

—¡Despacio, amigo, más despacio! —gritaba Gaspar.

—¡Vamos, Gaspar, que te las arreglas mejor que nosotros! —se reían los otros.

La estrella les iluminaba el camino por el desierto. Pero, de pronto, Baltasar se detuvo.

—¡Esperen un momento! He estudiado mucho estas cosas. Se acerca una tormenta de arena. ¡Tenemos que refugiarnos!

—¡Miren allí, detrás de esas rocas! ¡Rápido!

Llegaron al refugio justo cuando el viento empezaba a soplar.

—Hermano Baltasar, tu ingenio nos ha salvado —dijo Gaspar—. Descansemos hasta que pase la tormenta, y esta noche, cuando salga la estrella, seguiremos el viaje.

Caminaron muchas noches, y de día buscaban sombra. Un día se les acabó el agua.

—¡Ay, qué sed tengo! —suspiró Melchor—. ¡Me bebería dos cubos de agua!

—Paciencia, hermano Melchor. Seguro que encontramos un oasis.

—¿Un osito? ¿Qué hace un osito en el desierto?

—¡Un oasis, no un osito! —se rio Gaspar.

Al poco rato vieron a lo lejos un oasis enorme.

—¡Vamos, rápido!

—¡Esperen, hermanos! —gritó Gaspar—. No es un oasis, es un espejismo. ¿Ven cómo tiembla la imagen? Por mucho que caminemos hacia él, nunca se acerca. Y miren a los camellos: ellos tampoco quieren ir hacia allí.

—Tienes razón. ¡Y miren, ahora la estrella se ve también de día! Nos señala otro camino.

Siguieron la estrella con confianza y llegaron a un oasis de verdad. Los camellos corrieron felices al agua, y los Reyes descansaron y llenaron sus odres.

Pero, cuando iban a partir, el camello de Gaspar no pudo levantarse.

—Tiene un problema en la pata de atrás. Por eso ya no corría. Pobrecito, le duele mucho.

Melchor pensó un momento.

—Tengo la mirra maravillosa. Al nuevo rey no le importará que use solo una gotita. ¡Vamos, camellito, levántate!

Y el camello se levantó como si no le doliera nada.

—¡Gracias, hermano Melchor!

Así llegaron los tres Reyes Magos a la ciudad de Belén.

—¡Miren! —dijo Gaspar—. La estrella no brilla sobre el castillo, como creíamos.

—Es verdad. Brilla sobre aquel establo.

Dentro del establo, pequeño y humilde, María y José rezaban, y en el pesebre, sobre la paja, calentado por el aliento de los animales, estaba el Niño, el rey prometido. Los Reyes esperaban encontrar un palacio, pero enseguida comprendieron que este rey era muy especial. Se arrodillaron uno a uno, felices.

—Te traigo esta mirra. Que alivie el alma y cure las heridas del mundo.

—Recibe, pequeño rey, este cofre de oro, señal de que eres el verdadero señor del mundo.

—Te regalo este incienso, señal de santidad. Nuestras oraciones suben al cielo con su perfume.

Así fue recibido el pequeño Rey en aquella noche llena de alegría.

Con fe y ayudándose unos a otros, se supera cualquier dificultad del camino.

Fin. 🌟

Por qué les encanta a los niños

Preguntas frecuentes

¿De qué trata el cuento de los Reyes Magos?

Melchor, Gaspar y Baltasar ven que la estrella se ha encendido de nuevo y emprenden el viaje en camello por el desierto, con regalos para el nuevo rey. Por el camino se refugian de una tormenta de arena, no se dejan engañar por un espejismo y curan a un camello herido. Al final llegan a un pequeño establo de Belén, donde encuentran al Niño Jesús con María y José.

¿Qué regalos llevan los Reyes Magos?

Mirra traída de Etiopía, que sirve para curar heridas; un cofre de oro puro, señal de que el Niño es el verdadero rey; e incienso de Omán, señal de santidad y de oración. Melchor incluso usa en el camino una gotita de mirra para curar la pata del camello.

¿Cómo se ayudan los tres Reyes entre ellos?

Baltasar se da cuenta de que se acerca una tormenta de arena y los lleva a un refugio, Gaspar reconoce el espejismo y evita que se pierdan, y el sabio Melchor cura al camello herido. Además, Melchor oye un poco mal y confunde las palabras, lo que hace reír mucho a los niños.

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